Una empresa no tiene sentimientos, tiene rendimientos

Una empresa no tiene sentimientos, tiene rendimientos. Eso es lo que le digo a mi cliente cuando me he encontrado en la situación de valorar la productividad y el rendimiento del personal de la empresa. Estas suelen ser sus respuestas:

  • “Es que xxxxx es como de la familia”.
  • “Conozco a sus hijos y es una pena que tengan un padre como xxxxx, ¿cómo va a alimentar a esa familia si lo despido?”.
  • “Lleva ya mucho tiempo en la casa y despedirlo me va a costar €€€€€€€”.
  • “¿Cómo voy a echar a mi hija/primo/sobrina/resto de familiares de primer grado directos o indirectos?”.

Las respuestas que doy no suelen sentar muy bien al principio, pero luego cuando lo meditan y valoran, entienden los motivos.

Cuando una empresa se involucra en el desarrollo de un plan o análisis estratégico con la intención de plantear objetivos y realizar cambios, estos afectan a todos los elementos de la empresa y, por tanto, a los ratios de productividad:

  • Ingresos/m2 del local
  • Ingresos/nº empleados
  • Ingresos/inmovilizado material
  • Ingresos/costes totales del personal
  • Ingresos por departamento/costes totales por departamento

Están al orden del día, y esos son los baremos racionales para poder tomar decisiones sobre qué cambios realizar, cuáles hay que potenciar o ligeras modificaciones que implementen crecimientos y mejoras productivas.

No digo que las decisiones no tengan una parte emocional, pero sí que el peso de la misma no supere el 40 % de la toma de decisión ya que, a no ser que alguien me demuestre lo contrario, nadie compra por la lástima que dé la empresa y los problemas que tengan, compran porque se cubre una necesidad y la que ofrece la empresa es la que cuadra con lo que quiere el cliente.

Entiendo que es duro cuando alguien externo a la empresa te dice lo que ya llevas viendo tú hace tiempo, pero que por sentimentalismo no se ha hecho.

Algunos sabéis que mi familia tiene una empresa familiar y, como se suele decir, he mamado el negocio desde chico. Mis padres nos enseñaron que una cosa es la empresa y otra la familia; lo que ocurre en la empresa se debe quedar de puertas para adentro del negocio y no afectar a la vida familiar. Hemos cometido errores como todo el mundo de contratar hermanos, primos, cuñados… y ha habido resultados dispares  (quien se partía el pecho, quien se creía capitán general, quien después de enseñarlo nos hizo la competencia…).

En mi casa, cuando mis padres me decían: “Haz eso”, la respuesta rápida era: “Ahora” y el “Ahora” llegaba a veces temprano y a veces (la mayoría) tarde. En mi casa, puedes discutir con tus padres, hermanos… y estar totalmente en desacuerdo con ellos y ellos contigo pero nos queremos; en mi casa es donde me enseñaron a ser persona; mi familia es para toda la vida…

En el negocio, no había respuesta. Mejor dicho, la respuesta era hacerlo en el momento en que lo pedían; en el negocio mis padres eran mis jefes y con un jefe no se discute, se puede estar más o menos conforme con él, y comentar lo que uno opina pero no discutir; ser hijo o familiar del jefe significa que aparte de ser mejor compañero que los que te rodean, también tienes que ser más productivo; el negocio puede que no sea para toda la vida…

A mi entender existen distintos cometidos y relaciones en casa y en la empresa, por lo que si queremos o consideramos a alguien de la empresa como de la familia hay que tener claro que estamos en el negocio y no en casa.

Aparte de estas nociones, a los puntos del principio doy las siguientes respuestas:

  • “Es que xxxxx es como de la familia”: eso no quita que tenga que tener una falta de respeto y educación a la gerencia.
  • “Conozco a sus hijos y es una pena que tengan un padre como xxxxx, ¿cómo va a alimentar a esa familia si lo despido?” : los hijos son suyos y esa es su responsabilidad, no la tuya. La tuya es la de cuidar de tus hijos, sacar el negocio para adelante y proporcionarle unas condiciones salariales y laborales acordes con su responsabilidad, pero el cuidar sus hijos no es tu problema.
  • “Lleva ya mucho tiempo en la casa y despedirlo me va a costar €€€€€€€”: es preferible despedirlo o llegar a un acuerdo ahora que seguir aguantando más tiempo porque sigue siendo una carga negativa en la empresa de costes, productividad, mal ambiente, etc. y eso genera más pérdidas que el coste de despedirlo.
  • “¿Cómo voy a echar a mi hija/primo/sobrina/resto de familiares de primer grado directos o indirectos?”: quiérelo mucho, pero si quieres que el negocio mejore no puede formar parte de la empresa. Dale participaciones, acciones, págale un sueldo (si quieres) sin venir a trabajar,  pero no lo tengas dentro porque no es productivo, genera mal ambiente y a largo plazo te hunde el negocio.

 

Un pensamiento en “Una empresa no tiene sentimientos, tiene rendimientos”

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