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Barco y barquito

—¿Cuál es tu artículo?—le preguntó Germán a Simón

—Jajajaja—no pude aguantarme, mis clientes no se preguntaban a que se dedican ni cuál es su empresa, sino cuál es su post dentro del blog.

Comencemos por el principio, cada cierto tiempo hago una comida con mis clientes y colaboradores para poder sacarlos de su día a día, poder intercambiar ideas y experiencias, hacer networking y fomentar posibles sinergías entre ellos. Sigamos

Yo soy el de los Mandalas, ¿y tú?

—Todavía no me ha sacado, llevo dos meses trabajando con él pero parece que mi problema no es tan importante como para salir publicado—me recriminaba Germán

—No, hombre; que tu tienes el tuyo y si no recuerdo mal, dentro de tres semanas sale. Lo que pasa es que siempre tengo de 4 a 6 post en cartera, por eso el tuyo no ha salido aún—

Su boca trazo lo que sus ojos gritaban, orgullo.—Y, ¿cómo se llama?—me indagaba Germán

—Jajajaja, en tres semanas lo sabrás, jajajaja—

—Me caes bien pero eres un poco mamón—afirmaba Germán

Simón entro de nuevo en la conversación—Te quedas corto, es un cabrón en toda regla, de diplomático tiene poco, hace un año y medio me dijo “Simón eres un fenómeno, tu proyecto me gusta pero cómo sigas así tu empresa se va a la mierda y tú detrás. Ahora mismo, tu situación es la misma que la de un buzón a pulmón bajo el agua y con una pierna atrapada, hay que decidir si te ahogas o te cortas la pierna para poder salir a la superficie; yo lo tendría claro”

Sorprendido Germán dijo—Venga ya—

Sí, eso me dijo. Estuvimos seis meses el diciéndome que me ahogaba y yo no dando mi brazo a torcer; aparte, todo lo que me decía que iba a pasarme se iba cumpliendo. Hasta que un día deje de luchar con él y me deshice de una de mis naves; cogí un poco de aire. Pero el tío no paraba con su cantinela, que me cortara lo que quedaba de pierna; hasta que subarrendé la otra nave que me estaba asfixiando. Volví al local donde comencé hace 15 años que tenía vacío;  y el cabrón sabes lo que me dice cuando viene el primer día.

—De Jesús me espero cualquier cosa—

Siguió Simón—“Esto mola, mejor que en las naves”. Me tuve que reír. Pero después de la primera canción vino la segunda. Ahora no paraba con vamos a buscar clientes fuera de Andalucía que tu producto lo vale y aquí no lo pagan. Así, otros 6 meses.

¿Y al final que has hecho?¿Sigues peleando?¿Tenía razón Jesús?—preguntó German

—Siguiendo el ejemplo de sus historias, te cuento que yo tenía un barco que zozobraba y hacía aguas. Cuando la cosa iba bien, mi barco fue bien, pero cuando las cosas iban mal, aunque me daba cuenta, no lo quería reconocer. Mi barco me estaba hundiendo. Ahora tengo un barquito que llevo con la punta del nabo y me va bien. Tengo claro que voy a volver con mi barco. Pero ahora, voy a aprovechar el barquito todo lo que pueda.

—Para rematar deja que lo explique.—miré a Simón pidiendo permiso—El barco de Simón tenía muchos costes fijos que su producción no podia generar, su punto de equilibrio era muy alto. La cantinela vino porque sabía que su proyecto tenia la cintura suficiente para pasar gran parte de esos coste fijos a variables; una vez que nos deshacieramos de la carga de las naves. Cuando Simón lo encajo y tomó la decisión, lo demás es fácil; sólo hay que preocuparse de vender. Vamos a sentarnos que ya estamos todo.